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Para evitar la plaga de procesionaria, aprovecha el otoño

Notas de prensa 27-09-2018

Esta plaga afecta a miles de hectáreas de pinos en España y representa un peligro para personas y animales domésticos. Anticimex ofrece un tratamiento inocuo y ambientalmente sostenible, actuando sobre la procesionaria mediante una única aplicación al año, durante los meses de octubre y diciembre

La oruga procesionaria de pino (Thaumetopoea pityocampa) es la plaga forestal más extendida en España y en los últimos años se ha visto favorecida por el aumento general de las temperaturas. Aunque la aparición de las larvas se da en el primer cuatrimestre del año, se recomienda tratar la plaga a principios de otoño cuando se encuentra en su momento más vulnerable.

Según explica Eduard Durany, gerente técnico de Anticimex, empresa especializada en control de plagas, “las orugas de procesionaria se alimentan de las acículas (hojas en forma de aguja) de los pinos y las larvas nacen a finales de verano. Por esta razón, es en otoño, cuando las larvas son pequeñas, el mejor momento para atajar el problema y controlar la plaga”.

La procesionaria del pino se encuentra en zonas rurales y bosques, pero también puede aparecer en entornos urbanos adonde hay árboles como pinos, cedros o abetos. La procesionaria presenta una serie de pelillos urticantes que se desprenden fácilmente y, en contacto con la piel o mucosas de seres humanos o animales domésticos, causa diversas afectaciones dérmicas y respiratorias.

 

Un método innovador, eficaz y sostenible

Son varias las medidas que se pueden tomar para evitar la propagación de esta plaga, pero uno de los sistemas más innovadores está basado en el tratamiento de inyecciones de baja presión en el tronco de los árboles afectados. Mediante una única aplicación al año, entre octubre y diciembre, se elimina totalmente la procesionaria.

Las inyecciones de baja presión son un tratamiento localizado, seguro y sostenible. A través de una inyección, directamente aplicada en los vasos conductores, el insecticida es distribuido a través de la savia a todos los tejidos vivos del árbol. Cuando las orugas se comen las hojas, consumen el insecticida y mueren.

“Este tipo de tratamientos de control deben aplicarse durante el otoño, puesto que las orugas no han crecido suficiente y son más vulnerables. Por lo contrario, en febrero y marzo, las orugas ya se han desarrollado y son más resistentes, el tratamiento no es efectivo en esta fase”, explica Durany.

Aplicar estas medidas en otoño impide el descenso de las orugas en procesión hacia el suelo, evitando el momento de mayor peligro de contacto con los seres humanos y animales domésticos.

Hasta el momento, el control tradicional de la procesionaria se basaba en tratamientos aérea de insecticidas, con las consecuencias negativas que esto conlleva sobre el medioambiente y la salud pública.

 

Publicado: 27-09-2018

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   Meritxell Riba

   Gerente de Comunicación y Marketing

    Email: meritxell.riba@anticimex.com.es

    Tlf: +34 600 930 634

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