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Los ácaros pueden ser causantes de alergias agudas

Los ácaros pertenecen al grupo de los arácnidos. Como tales, poseen 4 pares de patas y dos apéndices bucales: los quelíceros y los pedipalpos. En los ácaros, los quelíceros se usan en la captura e ingestión del alimento, y en algunos grupos, por ejemplo el de las garrapatas, están adaptados para perforar y chupar sangre. Los pedipalpos sirven para localizar y manipular el alimento.

¿Problemas de Ácaros?

Los ácaros aparecieron en la Tierra hace unos 400 millones de años, y actualmente hay descritas unas 50.000 especies distintas. La mayor parte de ellas son de pequeñas dimensiones, alcanzando unos pocos milímetros de longitud, y se pueden encontrar en una gran variedad de hábitats, tanto en medio terrestre como acuático. Principalmente son depredadores y no ocasionan daño alguno a los seres humanos, no obstante, algunos son parásitos de plantas o de animales.

 

Reproducción y desarrollo

Todos los ácaros se reproducen mediante fecundación interna, aunque dependiendo de la especie esta fecundación se puede dar de tres formas distintas: 1) el macho inyecta el esperma mediante un órgano copulador a través de la obertura genital de la hembra; 2) el macho inyecta el esperma en unos orificios situados cerca de las patas de la hembra mediante unos órganos copuladores situados en los quelíceros, en este caso, la obertura genital de la hembra solamente sirve para poner huevos y 3) el macho secreta un espermatóforo (saco gelatinoso con esperma) y, o bien lo deja pegado en el suelo para que cuando la hembra lo encuentre se lo introduzca por la obertura genital, o bien lo pasa directamente a la obertura genital de la hembra.

La mayor parte de los ácaros ponen huevos, aunque algunas especies son ovovívíparas (incuban los huevos en su interior) o incluso vivíparas (dan nacimiento directamente a individuos ya formados). Después de la eclosión de los huevos los ácaros pasan mediante metamorfosis por tres estadios distintos: larva, ninfa y adulto.

Ácaros parásitos

Los ácaros pueden ser parásitos de plantas y de animales. Algunos ejemplos de ácaros parásitos de plantas son la araña roja de los frutales (Tetranychus urticae) y el ácaro rojo de los frutales (Panonychus ulmi). Entre los ácaros parásitos de animales se encuentran muchas especies parásitas de artrópodos, así como también parásitas de aves y mamíferos, como las garrapatas, el ácaro de las palomas o el arador de la sarna.

Ácaros del polvo

Los ácaros del polvo son ácaros microscópicos que se encuentran en casas. Se alimentan de las escamas de piel que se desprenden diariamente en las personas. Por ello, suelen abundar en colchones, mantas, almohadas, sofás o alfombras, aunque pueden estar en cualquier parte de la casa. Los excrementos de estos ácaros y sus cuerpos muertos se encuentran en el polvo y al ser inhalados causan alergias. Existen varias especies de ácaros del polvo, las más comunes son Dermatophagoides farinae, Dermatophagoides pteronyssinus y Euroglyphus maynei. Generalmente suelen vivir unos 2 o 3 meses y las hembras pueden realizar durante este tiempo hasta dos puestas de huevos, poniendo entre 20 y 40 huevos en cada una.

Los ácaros del polvo no suelen sobrevivir bien en ambientes con una humedad relativa baja (por debajo del 40-50%). La temperatura también suele ser un factor importante en su proliferación dentro de las casas, siendo las temperaturas superiores a 20ºC óptimas para su desarrollo.

 

Los ácaros producen alergias

La inhalación de los excrementos, huevos o cuerpos muertos de los ácaros del polvo pueden causar alergia o asma cuando entran en contacto con la mucosa nasal. Pueden provocar rinitis alérgica y asma bronquial. Los síntomas pueden incluir: goteo de la nariz, congestión nasal, estornudos, lagrimeo, tos y picazón.

 

Recomendaciones para evitar ácaros del polvo

La mejor forma de evitar la alergia causada por los ácaros del polvo es intentar prevenir su presencia en las casas. Para ello es importante evitar alfombras o moquetas, ya que son una buena zona de cría de ácaros, airear bien las habitaciones, lavar frecuentemente la ropa de cama, las cortinas y los peluches a más de 60ºC (ya que esta temperatura destruye algunos de los alérgenos que causan la alergia), usar fundas anti ácaros en almohadas y colchones, evitar sillas tapizadas o elementos hechos de plumas o pelos de animales, cambiar frecuentemente los filtros de sistemas de calefacción o aire acondicionado e intentar mantener la casa a una temperatura inferior a 25ºC y con una humedad relativa inferior al 60%. 

 

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