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Alergia a los Ácaros

La mayor fuente de alérgenos en una casa proviene de los conocidos como ácaros del polvo. Los ácaros del polvo comprenden varias especies distintas de ácaros que viven exclusivamente en el polvo de las casas.

Se han identificado hasta 13 especies distintas de ácaros del polvo, aunque de todas ellas, tres son las más frecuentes: Dermatophagoides pteronyssinus, Dermatophagoides farinae y Euroglyphus maynei.

 

¿Qué causa la alergia a los Ácaros?

Los ácaros se alimentan principalmente de la piel muerta que se desprende de las personas a diario. Cuando un ácaro se alimenta, las células de su sistema digestivo secretan unas enzimas que se adhieren al alimento ingerido. Los excrementos que se generan tras la digestión contienen una gran cantidad de estas enzimas digestivas. Estas enzimas son las principales causantes de las reacciones alérgicas producidas por los ácaros del polvo ya que constituyen el 95% de los alérgenos asociados a los ácaros. Cada ácaro puede producir hasta 20 excrementos al día. Debido a su baja densidad, estos excrementos microscópicos poseen la particularidad de poderse mantener suspendidos en el aire durante varios minutos (de 20 a 30), cuando la superficie en la que se han depositado se perturba (por ejemplo, cuando se hace la cama, se camina sobre una alfombra o se mueve un cojín). Una vez en el ambiente, se introducen en el organismo por inhalación. A parte de las enzimas digestivas que se encuentran en los excrementos, el propio cuerpo de los ácaros también contiene alérgenos. En consecuencia, las mudas o ácaros muertos que se encuentran en el ambiente también pueden flotar en el aire y desencadenar una reacción alérgica tras su inhalación.

 

Principales fuentes de alérgenos en una casa

Tanto los ácaros del polvo como sus excrementos se suelen encontrar en abundancia en zonas con una elevada fuente de alimento, es decir, lugares donde se suelen depositar grandes cantidades de piel muerta. Esto incluye superficies donde las personas se sientan o acuestan durante largos periodos de tiempo, por ejemplo camas o sofás. También se pueden incluir en estas áreas alfombras y muebles con superficies porosas donde los ácaros se puedan esconder. Además de tener alimento en abundancia, los ácaros necesitan una humedad relativa superior al 50%. Esto es debido a que los ácaros no beben agua, sino que la absorben del ambiente. Por lo tanto, las principales zonas de un hogar donde se pueden acumular ácaros, y en consecuencia sus alérgenos, son aquellas en las que se combinan estos dos factores.

Aunque los ácaros no tienen ojos, son animales muy fotosensibles. Esto quiere decir que huyen de la luz, y por ello, suelen vivir en estructuras blandas que les faciliten esconderse y que a la vez les proporcionen protección contra la desecación. Sus superficies preferidas son aquellas que les permiten hundirse en su interior, como por ejemplo almohadas, alfombras, peluches, o colchones, ya que estas superficies retienen humedad en su interior, y por lo tanto, además de protegerlos de la luz, también los protegen de las fluctuaciones de humedad que puedan darse en el ambiente. Por esta razón, suelen evitar superficies duras que los dejen demasiado expuestos al medio. Sin embargo, algunos pueden salir a la superficie de alfombras o moquetas de forma temporal durante la noche.

 

Síntomas de la alergia a los ácaros

En general, los problemas de salud causados por la exposición a los ácaros del polvo se pueden clasificar en tres grupos: sensibilización, desarrollo de una enfermedad, o empeoramiento de los síntomas en enfermedades no relacionadas con los ácaros.

Algunas personas son especialmente sensibles a los alérgenos producidos por los ácaros del polvo por lo que desarrollan una serie de síntomas al reaccionar contra ellos. Los síntomas que causa la alergia a los ácaros del polvo son muy similares a los causados por otros alérgenos que se introducen en el cuerpo por inhalación, como por ejemplo el polen. Los ácaros del polvo pueden causar: estornudos, picazón en los ojos o la garganta, lagrimeo constante, goteo en la nariz, tos, congestión nasal y problemas para respirar. Dependiendo de la persona y de la cantidad de alérgeno al que se haya expuesto se pueden dar uno o varios síntomas a la vez.

En algunas ocasiones se ha visto que una exposición continuada a los ácaros del polvo puede acabar desarrollando enfermedades como el asma o la rinitis, especialmente en niños sensibles a los ácaros del polvo.

Además, se ha visto que en algunas ocasiones, las personas con dermatitis o piel atópica sufren un empeoramiento de los síntomas de esta enfermedad cuando entran en contacto con los alérgenos de los ácaros del polvo.

 

¿Cómo se puede tratar la alergia a los ácaros del polvo?

El tratamiento de la alergia pasa por dos principios fundamentales, el primero, evitar la exposición a los alérgenos mediante la prevención y la eliminación de los ácaros del polvo. El segundo, tratarse la alergia con un médico especializado en alergias (alergólogo) que pueda recetar medicamentos para aliviar los síntomas (básicamente antihistamínicos) y, en casos severos, proporcionar vacunas que minimicen la reacción alérgica.

 

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