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¿Las termitas desempeñan alguna función buena?

Existen más de 3000 especies distintas de termitas descritas en el mundo (incluyendo las especies extintas). Menos de un 6% de todas ellas (183 especies) son dañinas porque se comportan como plagas para el ser humano. El resto, son especies vitales para el mantenimiento de los ecosistemas.

Las termitas se alimentan de celulosa. Este compuesto se puede encontrar principalmente en la madera, pero también en otros elementos. De este modo, existen especies de termitas que se alimentan de madera, otras de hierba o humus, e incluso algunas de ellas se alimentan de excrementos de ungulados.

 

Las termitas aceleran la descomposición de la madera

En los bosques tropicales, las termitas consumen el 40%-100% de la madera muerta. Todo el material vegetal que consumen se convierte en toneladas de materia fecal de termitas, que es un material básico para la formación y mineralización del suelo.

Además, las termitas subterráneas, así como otros animales que viven en el suelo como las hormigas o las lombrices, también participan en un fenómeno conocido como bioturbación. La bioturbación es el movimiento vertical de los materiales del suelo generado por la actividad de los seres vivos. Este mecanismo genera una serie de cambios físicos y químicos en la tierra que favorece su porosidad, su capacidad de infiltración, y la descomposición de la materia orgánica, acelerando el reciclaje de nutrientes.

En conjunto, todo ello convierte el suelo en un material rico y fértil. Además, para que las plantas puedan crecer, es importantísimo que tengan disponible nitrógeno en la tierra. La actividad de algunas termitas cultivadoras de hongos abastece los suelos de nitrógeno, permitiendo que este nutriente esté disponible para las plantas.

 

Las termitas frenan la desertización

Por último, en un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista científica Science, se pone de manifiesto el importante papel de las termitas para frenar la expansión de los desiertos en tierras secas. El estudio sugiere que los montículos generados por algunas especies de termitas tropicales en tierras resecas, sabanas o pastizales secos pueden hacer que estas zonas sean más resistentes al cambio climático, ya que estos montículos almacenan una gran cantidad de nutrientes y humedad en su interior. Debido a ello, la vegetación crece más abundante en los montículos y a su alrededor, proporcionando un refugio para las plantas y frenando el proceso de desertización de estas zonas.

 

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